En el mundo existen dos tipos de personas, las que crean y las que mantienen lo creado para no borrar la memoria de lo predecible.

sábado, enero 08, 2005

Prediciendo lo sobradamente visible


Sabéis la sensación esa de cuando eres niño, en la que hinchas un globo hasta que parece explotar y apuntas a la otra punta de la habitación, con la sola ingenua idea de que el globo impactará rápidamente contra el objetivo. Decides soltarlo "para ver si das" y volila, obtienes una respuesta contundente de unas rígidas y ordenadamente caóticas leyes físicas. Ese, sin duda, es mi 2004. Soltar el globo. Volar erráticamente por toda la habitación. Perder la orientación entre el ruido. Pero como el vuelo es en la habitación, y es fulgurantemente rápido, vale la pena. Que el globo no vaya en línea recta, me asombra y me hace ver como el resultado es mucho mejor de lo esperado. Señores, mi 2004 ha sido todo lo categóricamente imperfecto que puede representar un año cualitativamente perfecto. Me gusta ser yo.

Y de ahí que haya sido uno de los pocos años que no he planteado objetivos para el año próximo, lo que representa un cambio fundamental en mi vida. Ahora prevalece una sola sentencia: hazlo ahora. Y esta rige la mayoría de mi pensamiento. Tomar el control de la vida. Liderar el cambio. Provocar el cambio. De ahí pues, que mis objetivos estén sobradamente establecidos. Lo hice entonces, no he de esperar al comienzo del año. Estoy en camino, solo espero no olvidarlo.

Y toca un año y medio de estudio, ahora que puedo permitírmelo. Adoro trabajar y realmente me siento como un marinero en tierra, leyendo libros de navegación sin poderse hacerse a la mar. Es una decisión personal que poco a poco esta revelándome una sensación ya conocida, pero no instanciada. Necesito trabajar, necesito crecer. Así pues, desde aquí y a todo el que me lea: quizá mi cabeza este empezando a decidir pedir trabajo. Busco trabajo, ea.

Una de las mejores sensaciones del 2004 es, sin duda ni pausa, la siguiente: Trabajas en algo durante mucho tiempo. Al principio te embriaga la emoción, más tarde empiezas a caer en el trabajo duro, y conforme vas acercándote al final eres más y más critico con tu trabajo. Empiezas a dudar de lo que haces, te esfuerzas a diario, te llevas a niveles que no creías poder llegar, y un buen día terminas. Dejas pasar un día, compruebas lo que has hecho y no te lo puedes creer, la emoción vuelve a embriagarte. Es, simplemente, perfecto. Es como construir una pirámide gigante con los ojos vendados. Quitarse la venda y ver lo que realmente ha valido tu trabajo, eso no tiene precio.

De corazón, feliz 2005.

1 comentarios

Anonymous Anónimo

Estoy de acuerdo contigo en que hay que liderar los cambios.

12:55 PM

 

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